Hace 3 años empecé a trastear con un Arduino para construir un botón de pánico para estudiantes que se bloqueaban emocionalmente en clase.
Hoy ese prototipo se ha convertido en GLIA.
Una app de soporte cognitivo que actúa como prótesis digital de las funciones ejecutivas — porque el cerebro no funciona igual para todo el mundo, y la tecnología debería respetarlo.
Agenda inteligente, regulación emocional, agente de voz con IA, gestión de energía cognitiva... tres años de trabajo para que empezar, sostener y terminar una tarea no sea una batalla.
Lanzamiento público: 2026.
Si trabajas en educación, conoces a alguien que lo pueda necesitar, o simplemente te interesa la intersección entre IA y cognición — me encantará que lo sigas.
El recorrido técnico — de cómo una solución física inicial escaló a un sistema digital — lo cuento con más detalle en de Arduino a GLIA: la evolución técnica. Pero el núcleo emocional, por qué aquel primer botón no era un prototipo sino una emergencia, explica por qué el producto se diseñó así desde el principio: regulación emocional antes que rendimiento.
Ese diseño se concreta hoy en el mapa cognitivo de seis dimensiones que GLIA construye por observación directa, sin necesidad de diagnóstico previo. No etiqueta: adapta. Y cambia cada día.