El TDAH que conocemos tiene un sesgo enorme.

Se diagnosticó durante décadas mirando a niños que se movían, interrumpían, no paraban.

Las niñas hacen otra cosa. Se adaptan. Se contienen. Aprenden a enmascararlo tan bien que nadie sospecha nada.

Mientras tanto, sus funciones ejecutivas colapsan igual que las de cualquier otro perfil TDAH. Pero en silencio.

El diagnóstico llega tarde — si llega. Y cuando llega, muchas ya cargan con años de "eres despistada", "no te esfuerzas", "podrías si quisieras."

No todo TDAH es igual. Y el TDAH femenino sigue siendo el gran invisible del aula.

¿Has visto este patrón — en el aula o en casa?