"Estudia el tema 3 para mañana."

Para un alumno con funciones ejecutivas débiles, esa frase es un muro.

No sabe por dónde empezar. No puede activar la tarea sola.

La tecnología no diagnostica. Pero puede hacer algo igual de valioso: dar el punto de arranque.

Paso 1. Paso 2. Paso 3.

Eso es lo que construimos en GLIA.

¿La diferencia? El punto de arranque.