Hay algo que les pregunto a los profesores cuando les enseño GLIA por primera vez:
¿Alguna vez has visto la tarea que acabas de mandar desde los ojos de tu alumno con TEA?
La mayoría se queda en silencio.
No porque no se preocupen. Todo lo contrario. Sino porque nunca han tenido una forma real de hacerlo.
Sabemos que un alumno con perfil TEA necesita menos estímulos, más predictibilidad, instrucciones literales y cortas. Lo sabemos en teoría. Pero entre saberlo y verlo hay una distancia enorme.
Un enunciado que a ti te parece claro y ordenado, para ese alumno puede ser un muro de texto sin estructura visible, con demasiadas decisiones implícitas y cero pistas sobre por dónde empezar.
En GLIA construimos algo que llamamos Previsualización Empática.
El profesor entra en un "Modo Alumno" y ve exactamente lo que verá su estudiante: la interfaz adaptada, el nivel de estímulos reducido, los pasos desglosados según su perfil cognitivo. No una simulación aproximada. La misma pantalla, el mismo entorno.
Porque entender la interfaz de tu alumno es entender su necesidad.
No es empatía teórica. Es empatía con datos.
¿Cuántos malentendidos en el aula vendrían de que el profesor pudiera ver, aunque fuera una vez, lo que ve el alumno?